sábado, 12 de diciembre de 2015

La Santísima Virgen de los Dolores desposeída de sus títulos

No hace mucho tiempo, en un pueblo de España, cuyo nombre no acierto a recordar, se dieron circunstancias atmosféricas adversas, como en el resto de pueblos de la comarca, no llegaban las lluvias y la pertinaz sequía comenzaba a hacer mella en sus habitantes, los campos se secaban, el agua para el consumo comenzaba a escasear, se clamaba al cielo y a las autoridades civiles, éstas se mostraban incapaces de alterar el rumbo de los caprichos de la naturaleza y las rogativas al mundo celestial se intensificaban cada día, pero no daban resultado positivo, ni una gota de agua.

Los vecinos se sentían defraudados ante la incompetencia del equipo municipal, de los consejeros de agricultura, de economía y de salud del gobierno autonómico, porque las cosechas del año se estaban perdiendo, la economía se hundía, los animales se morían por falta de agua y la salud de los vecinos comenzaba de resentirse. Tampoco las autoridades estatales, sus ministros, eran capaces de resolver la cuestión, si acaso paliar los efectos de la penuria con medidas preventivas ante los cada vez mayores casos de enfermedad y la hambruna, que comenzaba a asolar incluso a las comarcas limítrofes. Ni siquiera las plegarias hacían posible el milagro. Todos comprendieron que la resolución de aquella desgracia no estaba en mano de los políticos de turno ni tampoco en las autoridades celestiales a las cuales se dirigían, aunque quizás de manera equivocada.

Decidieron, por fin, acudir a quien tenían mas cercano, cercana en este caso, la Santísima Virgen de los Dolores, patrona del pueblo, milagrera, reconocida por sus meritos y servicios al pueblo en tiempos pasados y recientes, condecorada por la Guardia Civil, venerada por todos, sacada en procesión en el mes de Septiembre de cada año, con su leyenda, aparecida en un monte cercana al pueblo, unos niños la vieron por primera vez, no se sabe mucho más, tampoco en que época ocurrió, desde luego en tiempos lejanos, pero lo cierto es que es la patrona del pueblo, cuyo nombre no acierto a recordar.

El pueblo, reunido en Asamblea plenaria junto al Alcalde, el párroco y el resto de autoridades locales, las de representación democrática y las otras, las hermandades de cofrades, las monjitas y todas aquellas que vienen a representar la realidad social del pueblo decidieron que era preciso sacar a la Santísima Virgen de los Dolores en procesión solemne, traerla del monte al pueblo, llevarla a la Iglesia Parroquial y ofrecer en su honor una misa a la que quedaría invitado el Señor Obispo, por aquello de darle más solvencia a la petición, no en balde el Obispo es uno de los mas altos representantes de Dios en la Tierra y del que se conoce, además, su inquebrantable fe mariana. El Obispo acepto la invitación, no solo porque pensaba que era su obligación y formaba parte de su responsabilidad sino, porque no decirlo: un baño de multitudes nunca viene mal al ego.

La situación se hacia tan grave que era preciso obrar con prontitud puesto que el servicio de meteorología no anunciaba ningún desplazamiento del anticiclón en la semana próxima. Así pues, de acuerdo con el señor Obispo, se acordó ir a por la Virgen el sábado de mañana, temprano, con objeto de que los vecinos hubieran de madrugar y demostrar a la Santísima Virgen de los Dolores que se sacrificaban por ella. Todo ocurrió tal como tenían planeado, todo el pueblo acudió -bueno, siempre hay personajes que desconfían de estos ritos y permanecen ajenos a los mismos- a las afueras para recibir a la patrona, los mozos que habían de traerla ya estuvieron de madrugada en la ermita junto a un grupo numeroso de voluntarios y voluntarias, también el párroco y las camareras de la Virgen, que es algo así como sus asistentas.

Todos cumplieron con la misión encomendada, se hicieron rogativas colectivas y privadas, se elogio a la Santísima Virgen de los Dolores en público y en privado, el Obispo estuvo magistral. El día termino y todos se fueron a sus casas satisfechos de la decisión tomada, esperanzados, en unos días el anticiclón cambiaria, se desplazaría en alguna dirección de las coordenadas geográficas, se iría con viento fresco y una borrasca traería las necesarias lluvias, se salvaría parte de las cosechas, se recuperaría la tranquilidad y, con un poco de suerte, volvería la prosperidad al pueblo, cuyo nombre no acierto a recordar, y a los pueblos colindantes que se beneficiarían igualmente de tan sabia decisión. En todo caso solo había que tener un poco de paciencia y esperar a que el milagro se produjera.

Pasaban los días y la situación no mejoraba, todos miraban al cielo, aparecían algunas nubes, de paso, venían otras, pero ninguna borrasca, ni grande ni pequeña. Los campos estaban cada vez más secos, la mortandad animal se agravaba cada día, muchas familias se veían obligadas a vivir de la caridad cristiana de sus convecinos y de la escasa ayuda pública que llegaba. El empeoramiento de la situación comenzaba a hacer mella en la población, la desesperanza se hacia un hueco en sus corazones, muchos comenzaban a perder la confianza en la Santísima Virgen de los Dolores, conforme pasaban los días mas personas se sumaban a los descontentos, algunos se atrevieron a clamar contra la Virgen, le achacaban desidia, algunos iban mas lejos y la acusaban de incapaz. 

Pasados unos diez días la división entre los defensores y detractores de la Santísima Virgen de los Dolores se había inclinado del lado de éstos últimos, quienes finalmente lograron convocar una asamblea para el sábado siguiente, en la plaza principal, para debatir las razones que habían llevado a la citada virgen a hacer caso omiso de sus plegarias. Las autoridades civiles lo consintieron a pesar de la negativa del párroco, que a decir verdad también comenzaba a dudar de los poderes de la Santísima Virgen, de ésta y de las otras, pues él sabia muy bien que aunque todos los pueblos tienen su virgen propia en realidad de trata de la misma y si una es milagrera su merito no es de ella sino de la única santa y virgen María, madre única de Jesús.

Llegado el día decisivo los convocantes propusieron desposeer a la Santísima Virgen de los Dolores, patrona del pueblo cuyo nombre no acierto a recordar, de los títulos que se les habían otorgado en los diferentes momentos históricos, las medallas concedidas al merito civil y la de Alcaldesa Perpetua entre otros. La multitud era ya partidaria en su inmensa mayoría de demeritar a la virgen y así fue aprobado, aunque manteniendo el de Patrona, por aquello de no quedarse sin festividad local.

Las lluvias llegaron días más tarde, pero los meteorólogos dieron una explicación científica que nada tenia que ver con las rogativas ni con actuaciones marianas.       


                                                                                  Diciembre de 2015

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