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lunes, 7 de noviembre de 2016

Despedida

 Con la anterior entrega se dio fin a la lectura comentada, con sentido crítico, del DEUTERONOMIO, completando de esta forma los cinco libros que constituyen el Pentateuco. Han sido algo mas de 4 años en los que he querido mostrar como los mensajes contenidos en los llamados “textos sagrados”, en los que se sustentan las tres grandes religiones monoteístas que han conseguido perdurar a lo largo de los siglos, han sido causa determinante de la generación de odios entre los seres humanos, en ocasiones entre los practicantes de las tres religiones que beben de esas mismas fuentes, de guerras de religión en las que han muerto millones de personas, de persecuciones, de torturas, de tratos humillantes para los seres humanos, de intolerancia, de discriminación de las mujeres, de oposición al conocimiento de las leyes de la naturaleza, del propio cuerpo humano, de la ciencia, en definitiva del conocimiento.

Sin embargo las religiones, pasados los años no han conseguido evitar el ansia de saber del ser humano, de tal forma que todas las ideas preconcebidas que sustentaban a las tres grandes religiones monoteístas han quedado desechadas por la nueva realidad; ni la Tierra es el centro del Universo, ni siquiera nuestro Sol, como tampoco es sostenible ninguno de los relatos bíblicos, por mucho que los creacionistas se empeñen en negar la evolución de las especies o en conseguir favores de supuestos seres celestiales a través de la oración. Ni cielo ni infierno, ni ángeles ni demonios, ni dioses ni seres mágicos, solo naturaleza, física y química, por mucho que les duela a muchos; creamos en las personas, en nosotros mismos, en nuestra capacidad de innovación, de descubrimiento, de desentrañar los “misterios” que nos rodean, sin recurrir a seres mágicos e invisibles que no son sino fruto de nuestra imaginación fundamentada en la ignorancia de los siglos que nos han precedido.

Ahí queda el blog para quienes quieran rastrear en él y obtener una visión racional de nuestra existencia. Entre conocimiento y fe prefiero lo primero porque alimenta la mente del ser humano, genera confianza y, aunque la felicidad es muy relativa, diría que ayuda a ser feliz, aunque hay quienes prefieren la felicidad del ignorante. 

Por último quiero mostrar mi agradecimiento a todos aquellos que han seguido el blog y a los administradores de aquellos otros blog que han permitido su publicación.


Hasta siempre.

miércoles, 1 de junio de 2016

Hablemos de Dios

Los creyentes en Dios dan por supuesto que este existe sin argumento alguno que lo refrende, si acaso se basan en ciertos textos llamados “sagrados” que dicen contener la palabra de Dios. Dejemos a un lado a quienes ven a Dios en la vida cotidiana o en su interior. Partiendo de los mencionados textos, en donde se le concede ciertos atributos de omnipresencia, omnisciencia, omnipotencia, infinitud, perfección, bondad y creador  de los cielos y de la tierra, de los seres vivos, incluidos los humanos y, en suma, de todo lo conocido y por conocer, las religiones monoteístas han fortalecido ésta idea de Dios con infinidad de especulaciones pseudofilosóficas y teológicas, que han sido convertidas en dogma o en principios éticos cuestionables.
Podríamos hablar de Dios, pero partiendo de otras bases, dejando a un lado sus atributos y la llamada fe como escudo para eludir el debate. Partamos de una base de conocimientos actualizada, muy distinta de la existente en los inicios de las civilizaciones, de la que aún perduró en las llamadas edades Media y Moderna y de la que aún sostiene algunas sociedades cerradas de nuestro mundo actual. Si para un creyente en Dios es aceptable partir de la base de un Dios creador sin más ¿por qué no admitir otra base de partida? Quizás llegue a conclusiones reveladoras.    
Admitamos como primer punto de partida la visión cosmológica actual. Si Dios encontró acomodo en un universo limitado a nuestro planeta Tierra, centro del mundo sobre el que gira todo lo conocido incluido el Sol que nos la vida, y mas tarde en otro heliocentrista, por que no puede acomodarse en un universo sin centralidad, en donde los puntos luminosos que vemos en el firmamento son astros generadores de luz como consecuencia de explosiones nucleares que tienen lugar en su interior, soles que tienen una vida limitada como todo lo existente. El problema es que si nos basamos en esta visión los textos llamados sagrados quedan obsoletos, como así ocurre con todo con el paso del tiempo. Resultaría entonces que Dios no creo la luz, ni la Tierra, porque en esta base de la cual partimos que describe como se formo el universo, como este se expandió y continua expandiéndose, como se formaron las galaxias y los sistemas solares y como estos  evolucionan, no aparece en ningún momento intervención divina alguna. Podría alegarse que Dios está en el inicio de todo, que es el creador primigenio. Estaríamos ante un problema de similares características al que se enfrentan los científicos cuando se preguntan por lo precedente al momento cero del Big Bang, aunque al parecer los científicos también tienen respuesta para ello, al no existir ni el espacio ni el tiempo no se puede hablar de lo anterior al inicio del universo, pues el tiempo y el espacio aparecen con él. ¿Qué es más convincente, esta respuesta o la existencia de un Dios del que no hemos vuelto a tener noticias? Quizás la primera nos deje en la incertidumbre, lo que no es sino punto de partida para indagar en nuevos conocimientos, y la segunda entre de lleno en el pensamiento mágico y por tanto en el conformismo y en el mundo de las emociones.
Vayamos a un segundo punto de partida, la evolución de las especies. Admitamos que el planeta Tierra se comenzó a formar hace unos 4.500 millones de años, que los periodos solares han cambiado, que después de múltiples periodos convulsos aparecieron (además de las plantas) los primeros seres vivos en forma de bacterias, que estas dieron origen a los primeros gusanos (por abreviar) y posteriormente a peces, reptiles y anfibios hasta llegar a los primeros mamíferos hace tan solo 66 millones de años y a los primeros homínidos hace escasamente 1,6 millones de años. Y que esta evolución es fruto de constantes mutaciones en las que sobrevivían los seres mejores desarrollados y más adatados al entorno, y que durante ese larguísimo periodo muchas especies desaparecieron y otras emergieron bajo las nuevas condiciones ambientales. Este punto de vista tiene, como el anterior, el inconveniente de contradecir a los textos sagrados que especifican un modelo de creación muy simplista y contrario a los descubrimientos realizados por el máximo exponente de la creación, según dichos textos, como es el hombre (aunque deberíamos decir ser humano). Todo esto sin eludir  la posibilidad de que en otros planetas de sistemas solares lejanos se hayan dado condiciones posibilitadoras de nuevas formas de vida, similares o distintas a las de nuestro planeta, asunto sobre lo que los textos sagrados no dicen absolutamente nada.
Hablemos de Dios, pero partamos de esta base de soporte científico, a menos que menospreciemos a la ciencia, y con ello a la capacidad del ser humano de entender lo que ocurre a su alrededor y de negarle el derecho a tratar de averiguar que se esconde detrás de los fenómenos que observamos. Pero nadie con dos dedos de frente sería capaz de negar la validez de los descubrimientos científicos, sería como negar su realidad cotidiana, desde el uso de la medicina hasta la tecnología de Internet. Cualquier creyente debería de aceptar un debate bajo estos supuestos, que en todo caso tiene más carga de profundidad que los basados en ideas preconcebidas sin fundamento razonable. Cierto es que muchos creyentes prefieren ignorar la realidad y vivir en un mundo de fantasía, que no niego le sirva de consuelo.

Pero para quienes quieran entrar en el debate, les invitaría a que averigüen donde se encuentra Dios en este nuevo contexto. 

martes, 10 de mayo de 2016

Un tiempo para vivir

Un tiempo para vivir. Limitado. Indefinido. Ni previsto ni deseado. Fruto del azar. Caprichosa realidad. Condicionantes genéticos, territoriales, políticos, culturales, sociales y económicos la determinan. Y también, el esfuerzo personal. Realidad imperfecta e injusta. Tiempo y espacio como ejes determinantes, pasado y presente, oriente y occidente.
Nadie escogió el tiempo ni el lugar, ni la familia, a cada cual le toco en suerte nacer condicionado en un entorno social determinado, atenazado en un cuerpo débil o fuerte para sobrevivir, con una mente desprovista de capacidad para moverse en un ambiente hostil o dotada de unas actitudes para superar intelectual y moralmente la adversidad. Cada cual ha de resistir con las armas que la naturaleza y el entorno les dotó. Con ellas cada uno elige su porvenir o se deja llevar por la inercia, sin ofrecer resistencia, confiando en un destino inexistente o en dioses imaginativos. Son muchas variables las que intervienen en el devenir personal, la mayoría de las veces mezcladas las adversas con las favorables, extraña balanza que puede hacer feliz al desgraciado e infeliz al afortunado.
Y el conocimiento, hay quienes lo valoran y quienes prefieren ignorarlo, por ignorancia o por interés. Pero el conocimiento viene determinado por el tiempo, pues no es algo personal sino colectivo, como no es absoluto sino relativo, se enmarca en la historia, en el desarrollo del propio conocimiento; lo personal es la inteligencia. Por ello el momento histórico es tan determinante en el tiempo que nos ha tocado para vivir. Tiempo limitado, escaso, insignificante, efímero, pero extraordinario, una oportunidad ocurrida por azar, pero condicionada al momento histórico, al territorio, al entorno familiar y a unos caracteres genéticos determinados.
¿Mereció la pena? Miles de millones de personas han sucumbido a lo largo de los tiempos a la enfermedad, a las guerras, al hambre, a las catástrofes naturales, muchos han acabado sin llegar a tener conciencia de si mismos. Y otros tantos han vivido en la ignorancia, sujetos a la mentalidad de la época, felices unos e infelices la mayoría por sujeción al dominio de la minoria, a la esclavitud o al servilismo, a la penuria o a la enfermedad. Por desgracia, estas circunstancias no han desaparecido con los tiempos modernos, perduran nuevas formas de esclavitud, de servilismo y de ignorancia; y nuevas amenazas se ciernen sobre la población. De forma que no solo el momento histórico, sino el espacio territorial, determinan, junto al entorno social y las capacidades individuales, tanto físicas como psíquicas, el desarrollo personal y la felicidad de las personas.


Para quienes valoramos el conocimiento como una razón fundamental que da sentido a la existencia, mas allá de las falsas creencias en deidades y otras formas del pensamiento mágico, ha merecido la pena.      

miércoles, 13 de abril de 2016

No hay sitio para Dios

Los humanos tenemos una natural predisposición a equivocarnos, también –aunque no siempre- a acertar en función de la cantidad de información de que dispongamos y de nuestra capacidad para discernirla, tratarla o procesarla adecuadamente. Hay quienes atribuyen el acierto a una suerte de intuición más próxima al azar que a la razón. De errores de dimensiones gigantescas esta llena la Historia, cuyas consecuencias se arrastran durante las generaciones venideras; no me refiero, valga la ironía, al pecado original del Génesis, ni a otros -generalmente de desobediencia- cometidos por los israelitas a juicio de su dios, cuyo castigo se hacia extensible a las inocentes generaciones siguientes ajenas al “pecado” de sus progenitores. Los errores auténticos, no bíblicos, las decisiones equivocadas o intencionadas movidas por intereses de estado o de grupos civiles o religiosos, por gobernantes ineptos, autoritarios o dictatoriales, interesados en si mismo, o sencillamente por la naturaleza de los tiempos en que se cometieron -lo que no siempre es razón suficiente para justificar las perversidades cometidas- han tenido lugar en todos los tiempos, en la antigüedad y en los presentes, y podemos aseverar que muchas de las cosas que ocurren en el día de hoy tienen su origen en decisiones tomadas por quienes tuvieron capacidad para ello en los últimos años del siglo XX y principios del XXI, sin que pensemos por ello que las generaciones futuras lo justificarán como propio de la época en la que estamos. Nadie duda de la complejidad de nuestro mundo circundante y de las razones que lo mueven, de las dificultades para adivinar un futuro siquiera próximo, aunque con toda seguridad unos pocos tratan de diseñarlo.  

Es cierto que no siempre disponemos de todos los elementos necesarios para una apreciación acertada de la realidad, la falta de información y la carencia de medios e instrumentos de análisis pueden desviarnos de la visión acertada de las cosas, pero un mayor conocimiento de la realidad es fundamental para entender el mundo que nos rodea. Pero, aún así, podemos caer en el error, distorsionar el enfoque de las cosas, emprender el camino equivocado. Además, no todo el mundo posee la misma capacidad de raciocinio ni la necesaria inteligencia para comprender la complejidad de los fenómenos que ocurren a nuestro alrededor. De modo que tan humano es equivocarse como acertar, pero no es razonable persistir en una idea cuando existen evidencias que la contradicen. La persistencia en el error es un tema de análisis para los psicólogos y psiquiatras. Y esto es lo que ocurre con las creencias religiosas, que persisten a pesar de las incoherencias que encierran es sí mismas.   

Durante la mayor parte del tiempo la humanidad ha vivido en una trágica ignorancia sobre el origen de la vida, del ser humano, de los fenómenos naturales y de manera muy especial del significado de la muerte, ya sea como fin del todo o como inflexión hacia otro mundo desconocido. En el afán natural de dar una respuesta a estos interrogantes y salir de la ignorancia era preciso idear un escenario que, con mayor o menor fortuna, pudiese resultar coherente con la percepción de las cosas y la mentalidad del momento histórico. Así la tierra dejo de ser plana para convertirse en una esfera sobre la que giraba todo lo visible por encima de nuestras cabezas. El modelo geocéntrico de Ptolomeo permaneció invariable durante siglos hasta el convencimiento posterior de que la Tierra no era el centro sino el Sol, la estrella que nos da cobijo y gracias a la cual la vida es posible en nuestro planeta. Los posteriores descubrimientos nos vinieron a demostrar que tampoco el Sol es el centro de nada, ni siquiera la galaxia en la que nos movemos; en suma, no existe el centro. Este nuevo paradigma cosmológico invalida la concepción cristiana de nuestra posición en el cosmos y cuestiona la existencia de paraísos celestiales e infernales, incluido el de transito (purgatorio).

En paralelo la ciencia ha logrado averiguar las causas de la mayoría de los fenómenos naturales, en ningún caso debidos a ninguna divinidad, dejando el devenir de las personas al margen de cualquier pretensión sobrenatural. Por mucho que algunos se empeñen en conseguir que las aguas caigan del cielo por el hecho de pedirlas al dios de turno, a su santa madre (materializada en alguna imagen local) o a algún santo de cuya santidad hay poderosas razones para dudar, la petición no dará resultado, salvo que previamente se haya consultado con el servicio metereológico.

Queda pues la vida y la muerte, el origen y el fin del ser humano, y de todos los seres vivientes. Atrás quedaron las viejas creencias de un dios todopoderoso, creador del cielo y de la Tierra y de todos lo animado e inanimado. La ciencia ha conseguido disponer de instrumentos para desentrañar la formación de nuestro planeta Tierra, determinar con un grado de aproximación muy elevado sus orígenes (4.500 millones de años), descubrir y estudiar los procesos de gran violencia que tuvieron lugar en su interior y en su superficie hasta configurar el contorno actual, no exento aún de convulsiones en forma de movimientos sísmicos y erupciones volcánicas. Un espacio temporal en el que caben multitud de acontecimientos, incluidos el origen de la vida bacteriana y su evolución hacia seres superiores incluidas las diferentes especies de homínidos. Ni el dios bíblico ni ninguno de los diferentes dioses ideados por la ignorancia justificada de nuestros antepasados han tenido nada que ver con el origen del universo, no crearon la luz, ni el día, ni la noche, ni las plantas, ni ninguno de los seres vivos -actuales o desaparecidos como consecuencia de la evolución natural de las especies y los cambios climáticos producidos en el natural desarrollo (en ningún caso divino) de nuestro planeta-, incluido el actual homo sapiens (especie a la que pertenecemos). Los pasajes escritos en los textos llamados religiosos no contemplan la existencia de otros humanos diferentes a nosotros, y no lo hacen de forma intencionada sino por puro desconocimiento. Es beneficioso salir del error y perjudicial mantenerse en él, como hacen los que siguen sosteniendo la teoría del creacionismo y niegan los hallazgos y descubrimientos llevados a cabo por las diferentes disciplinas científicas, lo que no es otra cosa que negar al ser humano su capacidad de perfeccionamiento en aras de la defensa de unos intereses de cuya naturaleza saben quienes lo defienden.

Y nos queda la muerte. Todo en este mundo esta sometido al cambio, nada permanece en su estado original, tampoco la vida del ser humano que se transforma durante la enfermedad, envejece con el tiempo y finalmente acaba, salvo accidentes fortuitos que la truncan de manera inesperada. Nada queda tras la muerte salvo la putrefacción o descomposición de la materia orgánica de la que estamos compuestos, el corazón dejo de latir y los sistemas circulatorios y respiratorios dejaron de funcionar inactivando la función cerebral. Ni resurrección ni paraísos celestiales, la muerte es el fin y mas vale que se acostumbren a ello quienes todavía mantienen la falsa esperanza de otra vida posterior porque no hay más vida que la presente, y ésta es limitada.


Así pues Dios ni está, ni se le espera. No hay hueco para él, no tiene cabida en éste mundo; salvo en las mentes de quienes necesitan creer, por las razones que ellos sabrán. 

martes, 15 de marzo de 2016

Los ateos somos gente alegre

El pasado fin de semana tuvo lugar la II Convención de Ateos y Librepensadores de Madrid con excelentes conferencias sobre temas que nos interesan a los que creemos en la verdad, en la capacidad humana de raciocinio, en el humanismo, en el pensamiento critico y en los descubrimientos de la ciencia. Y, por supuesto, en el debate y en la confrontación de ideas.
Se trataron asuntos muy variados, desde el abordaje de la ciencia, de su metodología, de los descubrimientos que nos han permitido a los humanos tener un conocimiento de nuestros orígenes, ajenos a historias descabelladas e inasumibles en los tiempos actuales, hasta temas tan presentes como el enriquecimiento de la Iglesia Católica mediante la apropiación de bienes pertenecientes al pueblo soberano y el auge del yihadismo islamista.
Temas como el Pensamiento mágico y la superstición, las pseudociencias, y las religiones como expresión de ese pensamiento mágico fueron expuestos y desarrollados de manera detallada y con proyección desde los orígenes de la humanidad.
El origen del Universo, su evolución hasta los primeros átomos, la formación de protoestrellas, estrellas y galaxias, de nuestro sistema solar, las primeras formas de vida, los distintos procesos geológicos que han transformado la Tierra hasta su estado actual, la llegada de los primeros mamíferos y la aparición posterior de los homínidos y de la inteligencia. Nada fue obra de ningún ser superior, sino de la propia naturaleza.
El derecho de las personas a tener una muerte digna, a no ser sometidas a sufrimientos innecesarios en procesos irreversibles o no deseados, la libertad de elegir nuestro propio fin, nuestra vida no es propiedad de ningún dios, de ningún supuesto ser superior, de algo o alguien que esta en la mente de algunos, sino de nosotros mismos. El testamento vital como forma de hacer valer nuestro deseo ante un final sin sufrimiento.  
Un análisis del Islam desde su nacimiento, las distintas facciones que lo conforman, su desarrollo histórico, el teísmo como forma de gobierno, hasta conducir al actual estado con el auge del integrismo islamista y la aparición de los movimientos yihadistas (Al Qaeda, Boko Haram y el Estado Islámico (Isis/Dáesh), por citar a los mas conocidos y violentos), la mayoría de ellos con una estructura militar de dudosa financiación, que pregonan la lucha armada como forma de persecución de infieles y herejes, y del que Occidente tiene una parte importante de responsabilidad.
La Iglesia aprovecha el inmenso poder que le viene de la historia pasada y de su  confirmación por parte de los gobiernos de turnos, y basándose en él y en las prerrogativas que le concede la legislación en vigor  aprovecha para registrar a su nombre todo aquello que queda en una especie de limbo impuesto por la costumbre, tales como poner a su nombre aquello que era considerado como patrimonio del pueblo: iglesias, capillas, camposantos, huertos y terrenos anexos, y todo aquello que hay en su interior, joyas, retablos y obras de arte, en su afán acaparador enloquecido y ruin.

Las conferencias, el debate, la participación, forman parte del ansia de saber, de conocer la verdad de nuestra existencia, el origen de la vida, su evolución y el futuro que ésta nos depara, muy lejos de las intenciones de los creyentes a los que la verdad le viene dada, impuesta quizás desde la infancia, sin análisis, sin sentido critico, sin preguntas. Pero las jornadas se vieron también envueltas de un ambiente festivo, disfrutamos de la buena música, de una Solfónica que canta la esperanza de un mundo mejor, de otros músicos que nos alegran con sus canciones burlescas, irónicas y sarcásticas de la realidad actual. Y naturalmente la convivencia de gente sana, que procura un mundo mejor y que no tiene cuernos de demonios.  

miércoles, 9 de marzo de 2016

Ofensa a los sentimientos religiosos

Es lamentable que en los tiempos presentes se considere delito la supuesta ofensa a los sentimientos religiosos. Es así como se contempla en la legislación de algunos países en los que, por el contrario, se reconoce el derecho a la libertad de expresión.
Por ello, cuando se es crítico con las ideas que sostienen a las religiones, se corre el riesgo de que alguien se pueda sentir ofendido en su creencia o que alguna organización anacrónica, defensora acérrima de la ortodoxia religiosa, intolerante, antidemocrática y adinerada, aproveche la oportunidad para imponer su integrismo religioso, y castigar al malvado e insolente que osó burlarse de sus rogativas, ridiculizar sus imágenes, cuestionar sus creencias o “profanar” un recinto religioso. Lo que para algunos puede suponer una ofensa a los sentimientos religiosos, para otros no es sino una manifestación de la libertad de expresión; así ocurre cuando se hacen bromas con cristos, vírgenes y profetas, se caricaturizan las celebraciones y ritos religiosos o se protesta contra una concentración o manifestación religiosa. La ofensa depende de los sentimientos y de la ideología de  quien se siente ofendido, y de quien es llamado a enjuiciar el hecho supuestamente ofensivo, pudiendo ser objeto de pena de multa o cárcel. No hay razón por la que los sentimientos religiosos hayan de adquirir tal predominio sobre otro tipo de sentimientos, sujetos todos ellos a la crítica, al repudio o al rebatimiento.
Quizás los creyentes debieran leer los llamados “libros sagrados” -Antiguo Testamento- en los que se sustentan las tres religiones monoteístas mayoritarias -y por consiguiente su fe religiosa- de una manera sosegada, critica y racional -en la medida que ello sea posible-, y también los específicos del Cristianismo (Nuevo Testamento) y del Islam (el Corán). Podría el lector creyente que se acerque de ésta manera a los citados textos llegar a la conclusión no equivocada, de que adjetivar a Dios con determinados calificativos, por parte del no-creyente, no es una ofensa para sus sentimientos religiosos, puesto que es así como la misma Biblia recoge la figura de su Dios; sino que muy al contrario son los citados “libros sagrados” los que suponen una ofensa para cualquier ser humano, incluidos los propios creyentes.
Decir que el Dios en el que cree es un ser exterminador (¿quizás genocida?) es constatar lo allí escrito, concretamente en Génesis 6.5 (voy a exterminar con el hombre, a los ganados, reptiles y aves del cielo, pues me pesa de haberlos creado), en Génesis 18.23 (¿pero vas a exterminar al justo con el malvado? –pregunta de Abraham antes de la destrucción de Sodoma-), en Éxodo 17.8 (y exterminó a Malaec y a su pueblo al filo de la espada), en Deuteronomio 12.29 (cuando Yavé, tu Dios, haya exterminado a los pueblos…), en Deuteronomio 19.1 (cuando Yavé haya exterminado a las naciones…), por poner solo algunos de los ejemplos en los que Yavé manda asolar los pueblos que los israelitas van conquistando en su camino hacia la tierra prometida. Podrían citarse igualmente las plagas de hambre, sed, miseria y muerte con las que Yavé castiga al pueblo egipcio.
Decir que el Dios venerado por la mayoría de la humanidad es un dios asesino, no debe ser una ofensa a los sentimientos religiosos de nadie, pues el termino va asociado al de exterminador que el mismo Dios se reconoce a si mismo, además de las innumerables referencias bíblicas al respecto: Números 16.21 (apartaos de esa turba, que voy a destruirla en seguida –ante la sedición de Coré; murieron varios centenares de personas-), Deuteronomio 7.1-6 (derrumbareis sus altares, romperéis sus cipos y daréis al fuego sus imágenes talladas –tras expulsar a jeteos y otros pueblos-), Deuteronomio 13.6 (y sea tu mano la primera que se alce contra él para matarle, le lapidareis hasta que muera –por seguir a otros dioses-), Levítico 10.2 (entonces salio de ante Yavé un fuego que los abrazó y murieron ante Yavé –castigo a los dos hijos de Arón por cometer un error-); y como éstos hay multitud de pasajes en los que ordena matar a otros o lo hace el mismo Yavé. 
Decir que las tres religiones monoteístas son vejatorias para con la mujer no es ninguna ofensa, sino constatar una certeza recogida en los citados libros en los que se sustentan dichas religiones: Génesis 3.16 (multiplicaré los trabajos de tus preñeces, parirás con dolor a tus hijos y buscarás con ardor a tu marido que te dominará), Levítico 12.1 (cuando de a luz una mujer y tenga un hijo, será impura durante siete días; como en el tiempo de su menstruación…, si da a luz una hija, será impura durante dos semanas), I Corintios 14.34-35 (las mujeres cállense en las asambleas. Si quieren aprender algo, que en casa pregunten a sus maridos), I Timoteo 2-11 (no consiento que la mujer enseñe ni domine al marido, sino que se mantenga en silencio), el Corán: Sura II v19 (si vuestras mujeres cometen acción infame, encerradlas en casa hasta que la muerte las lleve o Dios le procure algún medio de salvación), Sura IV v38 (los hombres son superiores a las mujeres, a causa de las cualidades por las cuales Dios ha elevado a los hombres por encima de aquellas. Las mujeres virtuosas son obedientes y sumisas. Reprenderéis a aquellas cuya desobediencia temáis, la azotareis hasta que os obedezcan). Son solo algunos ejemplos.
Y así podríamos citar innumerables párrafos en los que el mismo Dios da muestras de su crueldad, de su homofobia o de su misoginia, por poner algunos de los adjetivos con las que se le podría calificar, y de los que se vanagloria.

Un buen creyente llegaría a la conclusión de que ese Dios tan perverso no puede existir.

domingo, 14 de febrero de 2016

Preocupación por la sequía

Tras más de 90 días sin lluvias el nuevo arzobispo de Barcelona se muestra muy preocupado. También lo están los agricultores, el gobierno local y la población en general, pues el agua es uno de los componentes sustanciales de la vida.  
El citado arzobispo (Juan José Omella, para más señas) entiende que la mejor manera de hacer que lleguen las ansiadas aguas es recurriendo a la oración, y si es colectiva mejor, por ello ha decidido enviar una carta a todos sus feligreses –a través de las distintas diócesis a su mando- para que en las misas todos rueguen a Dios, tan bueno como es, para que llueva.
Quienes sabemos que tal pretensión es absurda podríamos burlarnos de ella, ridiculizarla, a riesgo de ser denunciado por algún integrista o grupo de integristas católicos (que los hay) por ofensa a la religión -escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias religiosas-, y con un poco de mala fortuna, pero solo muy poco, caer la denuncia en manos de un juez católico, integrista e ignorante.
Pero a la gravedad de que aún la ley prohíba expresiones consideradas como ofensas a las religiones, como tratar de necedad tales ocurrencias por ser tan contrarias a la razón, esta la derivada de la persistente ignorancia de quienes gozan todavía de poder sobre las conciencias de los demás.  
Porque se entiende y se acepta la ignorancia en tiempos en los que eran desconocidas las leyes básicas que rigen la naturaleza y, en el asunto que tratamos, la formación de las nubes y el origen de las borrascas y de los anticiclones. Pero en los tiempos presentes creer y pretender hacer creer a quienes se sienten unidos al ser imaginario que llaman su Dios, que las nubes se van a cargar de agua y van a desplazarse al lugar solicitado, por muy colectiva que sea la rogativa, es estúpido, ridículo y objeto de burla. Además de lamentable.
Es difícil pensar que un señor arzobispo, al que se le supone una cierta preparación intelectual, crea realmente que un ser superior puede cambiar el rumbo de las nubes –y naturalmente de los astros o de los movimientos tectónicos, por citar algunos ejemplos-  y, en todo caso, que intervenga ante la petición de un grupete de personas. Ridículo, absurdo, por donde se quiera que se mire. Así pues el citado arzobispo o es un ignorante persistente, y debiera ser inhabilitado por ello, o bien, es un hipócrita redomado, calificativos ambos extensibles a todos los miembros de las religiones que se comporten del tal manera.  
Persistir en la ignorancia cuando hay suficientes herramientas para salir de ella es negarse a si mismo, enclaustrarse. Cada cual es libre de dar a su persona el grado de ignorancia con el que se encuentre más a gusto, pero no debería estar permitido, bajo la presunción de una supuesta “autoridad espiritual” –poder sobre las conciencias de los demás-, inducir a ese mismo grado de ignorancia. Si se trata de un acto de hipocresía por quien lo propone estaría incurriendo en un engaño.

Si no fuera por las ventajas que la ignorancia otorga al poder, con toda seguridad, las autoridades civiles apostarían por la extensión del conocimiento y la persecución de la ignorancia.  

miércoles, 27 de enero de 2016

La soberbia de las religiones

  Las religiones se caracterizan por la defensa de unas creencias que consideran ciertas y universales, de tal suerte que no permiten la discrepancia ni mucho menos la controversia. No conciben la negación de la existencia de Dios, ni siquiera la duda sobre su existencia y muchos menos que se ejerza un posible proselitismo en favor de la descreencia. El ateo solo se explica como el fruto de una mente enferma, de un estado anímico pasajero o de una educación equivocada. La transcendencia que las religiones dan al ser humano se fundamenta en la creación del mismo por ese Dios hacedor de todas las cosas y determinante de la vida de las personas. Quienes se alejan de Dios se rebelan contra su creador y cometen un “pecado” capital que les lleva a la condena eterna de su alma inmortal tras la muerte corporal.

Las posiciones contrarias a la creencia en la divinidad han sido combatidas en tiempos pasados con la persecución, el destierro, la tortura y la muerte. La lucha contra el infiel se convirtió en razón de Estado, la convergencia de intereses entre el poder civil y el religioso dio origen a la alianza más profunda y continuada en el tiempo jamás conocida. De esta forma, la crueldad contra el hereje, es decir contra quien discrepa del dogma establecido, quedaba avalada y suficientemente justificada.

Por diferencias que no vienen al caso el cristianismo se enfrento a si mismo hasta escindirse (protestantismo, siglo XVI) pero ambos sectores continuaron con su absolutismo religioso. Las nuevas corrientes de pensamiento derivadas de la filosofía (Ilustración, siglos XVII-XVIII) y del desarrollo científico posterior, cuestionando los principios religiosos, posibilitaron la ruptura de aquella férrea alianza civil-religiosa y provoco, consiguientemente, un debilitamiento del poder que hasta entonces había tenido la cristiandad en la sociedad.

Desde entonces, los múltiples intentos para reconstruir la alianza rota solo consiguieron pactos puntuales o duraderos con los poderes civiles en aquellos lugares donde las nuevas corrientes de pensamiento no calaron suficientemente en la población, (véanse en las hemerotecas y videotecas los juramentos de Jefes de Estado, presidentes de gobierno y ministros ante un ejemplar de la Biblia y un crucifijo, los besamanos de las autoridades civiles ante las eclesiásticas o las rogativas a los seres celestiales para que concedan una mejoría a la deteriorada situación económica por parte de algunos inverosímiles gobernantes; hechos que ocurren en los tiempos presentes en algunos países como España). 

El cristianismo dispone todavía del temor a la vida mas allá de la muerte como arma de apoderamiento de las conciencias de quienes aun creen en esta falacia mientras ha perdido la iniciativa en el control de la sociedad, aunque, para desgracia de la humanidad, la otra religión monoteísta, la tradicionalmente rival y enemiga, el Islam, ha tomado, al menos una corriente de ella, el relevo en la lucha contra el infiel. Es el mal implícito que las religiones monoteístas llevan en su seno.

Pero dejando a un lado el Islam, el cristianismo, consciente de la perdida del poder de antaño, se mueve a la defensiva. Ya no persigue al descreído o al que reniega de la ortodoxia religiosa, sin embargo no lo hace por voluntad propia sino porque los ciudadanos no lo consentimos y las leyes civiles lo prohíben. Ahora se defiende contra la secularización de la sociedad, hecho que considera como una enfermedad social, contra el laicismo al que califica de beligerante, contra la supuesta perdida de valores que nos lleva a una crisis social, contra una educación laica en términos de derechos y valores ciudadanos, contra el derecho de las mujeres, a las que acusa de asesinas por interrumpir un embarazo no deseado o perjudicial para su salud, contra la perdida de privilegios de antaño –incluidos los económicos-, contra la indiferencia religiosa y el agnosticismo que invade Occidente, lo que supone, según la jerarquía eclesiástica, una amenaza para la trascendencia y plenitud del hombre, y contra la homosexualidad, considerada como  una aberración –ignora, sin embargo, lo que si es una aberración: la pederastia, practicada en su seno-. Solo le queda pues descalificar y combatir, con los escasos instrumentos de que dispone, cualquier movimiento que se sitúe en una corriente de pensamiento discrepante con ellos y a quienes siendo religiosos se han alejado de sus creencias o tienen actitudes o comportamientos diferentes a los considerados acordes con su caduca ortodoxia religiosa.

Cambiaron los tiempos, ante las religiones ya no cabe la sumisión, la humillación ni el servilismo. Deberían las religiones aceptar la discrepancia, permitir que sus creencias se pongan en cuestión, someterse al juicio de la razón, enfrentarse a los nuevos conocimientos adquiridos por la humanidad en los últimos siglos y averiguar la “verdad” de la que tanto hablan. Quizás lleguemos a la conclusión de que las religiones no son necesarias y que, muy al contrario, son perjudiciales y, por consiguiente,  deberían desaparecer.


Por el bien de la humanidad.

martes, 5 de enero de 2016

Perlas obispales



El obispo de la ciudad española de Córdoba, en su mensaje navideño -a sus feligreses supongo- califica de “aquelarre químico de laboratorio la fecundación in-vitro”. Así pues, trata de brujos y brujas a quienes participan de ello, padres, médicos, enfermeras, técnicos de laboratorios… Supongo que el citado obispo considerará una ofensa que alguien le tilde de indecente, por utilizar un termino suave, aunque él no considerará que ofende a nadie con sus palabras, pues ha de darse por supuesto que los representantes de la Iglesia Católica tienen la potestad de denigrar, de difamar, de insultar, de descalificar, de criminalizar y de condenar -al infierno, claro- a quienes discrepan de sus principios o mantienen hábitos y comportamientos contrarios a su rancia ortodoxia religiosa. Claro, que si nos remontamos al pasado esa potestad contemplaba la tortura y el asesinato como practica común contra los considerados herejes. Ya les gustaría a algunos obispos que quienes participan de la fecundación in-vitro fueran condenados a la hoguera por practicas heréticas, pero para su desgracia las leyes la consienten y la sociedad esta muy por delante de las posiciones ancestrales de la mayoría de los obispos y representantes de la citada iglesia.

Con estas expresiones, el obispo en cuestión, que por su condición sacerdotal ni esta casado ni tiene hijos, pero que osa dar lecciones de lo que no conoce, pretende que los matrimonios que no puedan tener hijos de forma natural acepten esa contrariedad como manifestación de la voluntad de Dios y no busquen vías alternativas para satisfacer su legitimo deseo, que según el citado Obispo solo puede ser fruto del “abrazo amoroso de los esposos”. ¡Que bonito! ¡Que ridículo!

Para rematar la faena, el obispo, que se llama Demetrio Fernández, afirma que el hombre “aporta la cobertura, la protección y la seguridad” y la mujer “aporta calor al hogar, acogida y ternura”, de forma que el “varón cuanto mas varón mejor para la casa” y “la mujer cuanto mas mujer y mas femenina mejor para la casa”. ¿Se puede ser más retrogrado en los tiempos actuales?  

Para este mismo obispo la homosexualidad es una plaga, un mal que habría que erradicar, una abominación –como sostiene la Biblia. En este aspecto, y otros muchos, coincide con otro execrable obispo, el de la ciudad de Alcalá de Henares José Antonio Reig Pla, retrogrado de primer grado, que acusa a los homosexuales de tener vínculos con la corrupción y la prostitución o afirma que la homosexualidad es una enfermedad que se cura mediante la oración y que el feminismo es un proceso de deconstrucción de la persona, causante de la radicalidad de las mujeres que exigen demasiado.   

Quizás los citados obispos y las diferentes iglesias sientan nostalgias de los textos bíblicos. He aquí algunos ejemplos:

San Pablo a los Corintios

I Corintios 11.3 Quiero que sepáis que la cabeza del varón es Cristo y la cabeza de la mujer el varón. El varón no debe cubrir la cabeza, pues es imagen y gloria de Dios, más la mujer es gloria del varón, pues no fue creado el varón para la mujer, sino la mujer para el hombre.

I Corintios 14.34-35. Las mujeres cállense en las asambleas. Si quieren aprender algo, que en casa pregunten a sus maridos.

San Pablo a Timoteo

I Timoteo 2-11 La mujer aprenda en silencio, con plena sumisión. No consiento que la mujer enseñe ni domine al marido, sino que se mantenga en silencio, pues el primero fue formado Adán, después Eva. Se salvará por la crianza de los hijos, si permanece en la fe, en la caridad, en la castidad y en la templanza.

Y para finalizar, el tan laudado San Agustín, de joven mujeriego, decía que las mujeres no debían de ser educadas en modo alguno.


sábado, 12 de diciembre de 2015

La Santísima Virgen de los Dolores desposeída de sus títulos

No hace mucho tiempo, en un pueblo de España, cuyo nombre no acierto a recordar, se dieron circunstancias atmosféricas adversas, como en el resto de pueblos de la comarca, no llegaban las lluvias y la pertinaz sequía comenzaba a hacer mella en sus habitantes, los campos se secaban, el agua para el consumo comenzaba a escasear, se clamaba al cielo y a las autoridades civiles, éstas se mostraban incapaces de alterar el rumbo de los caprichos de la naturaleza y las rogativas al mundo celestial se intensificaban cada día, pero no daban resultado positivo, ni una gota de agua.

Los vecinos se sentían defraudados ante la incompetencia del equipo municipal, de los consejeros de agricultura, de economía y de salud del gobierno autonómico, porque las cosechas del año se estaban perdiendo, la economía se hundía, los animales se morían por falta de agua y la salud de los vecinos comenzaba de resentirse. Tampoco las autoridades estatales, sus ministros, eran capaces de resolver la cuestión, si acaso paliar los efectos de la penuria con medidas preventivas ante los cada vez mayores casos de enfermedad y la hambruna, que comenzaba a asolar incluso a las comarcas limítrofes. Ni siquiera las plegarias hacían posible el milagro. Todos comprendieron que la resolución de aquella desgracia no estaba en mano de los políticos de turno ni tampoco en las autoridades celestiales a las cuales se dirigían, aunque quizás de manera equivocada.

Decidieron, por fin, acudir a quien tenían mas cercano, cercana en este caso, la Santísima Virgen de los Dolores, patrona del pueblo, milagrera, reconocida por sus meritos y servicios al pueblo en tiempos pasados y recientes, condecorada por la Guardia Civil, venerada por todos, sacada en procesión en el mes de Septiembre de cada año, con su leyenda, aparecida en un monte cercana al pueblo, unos niños la vieron por primera vez, no se sabe mucho más, tampoco en que época ocurrió, desde luego en tiempos lejanos, pero lo cierto es que es la patrona del pueblo, cuyo nombre no acierto a recordar.

El pueblo, reunido en Asamblea plenaria junto al Alcalde, el párroco y el resto de autoridades locales, las de representación democrática y las otras, las hermandades de cofrades, las monjitas y todas aquellas que vienen a representar la realidad social del pueblo decidieron que era preciso sacar a la Santísima Virgen de los Dolores en procesión solemne, traerla del monte al pueblo, llevarla a la Iglesia Parroquial y ofrecer en su honor una misa a la que quedaría invitado el Señor Obispo, por aquello de darle más solvencia a la petición, no en balde el Obispo es uno de los mas altos representantes de Dios en la Tierra y del que se conoce, además, su inquebrantable fe mariana. El Obispo acepto la invitación, no solo porque pensaba que era su obligación y formaba parte de su responsabilidad sino, porque no decirlo: un baño de multitudes nunca viene mal al ego.

La situación se hacia tan grave que era preciso obrar con prontitud puesto que el servicio de meteorología no anunciaba ningún desplazamiento del anticiclón en la semana próxima. Así pues, de acuerdo con el señor Obispo, se acordó ir a por la Virgen el sábado de mañana, temprano, con objeto de que los vecinos hubieran de madrugar y demostrar a la Santísima Virgen de los Dolores que se sacrificaban por ella. Todo ocurrió tal como tenían planeado, todo el pueblo acudió -bueno, siempre hay personajes que desconfían de estos ritos y permanecen ajenos a los mismos- a las afueras para recibir a la patrona, los mozos que habían de traerla ya estuvieron de madrugada en la ermita junto a un grupo numeroso de voluntarios y voluntarias, también el párroco y las camareras de la Virgen, que es algo así como sus asistentas.

Todos cumplieron con la misión encomendada, se hicieron rogativas colectivas y privadas, se elogio a la Santísima Virgen de los Dolores en público y en privado, el Obispo estuvo magistral. El día termino y todos se fueron a sus casas satisfechos de la decisión tomada, esperanzados, en unos días el anticiclón cambiaria, se desplazaría en alguna dirección de las coordenadas geográficas, se iría con viento fresco y una borrasca traería las necesarias lluvias, se salvaría parte de las cosechas, se recuperaría la tranquilidad y, con un poco de suerte, volvería la prosperidad al pueblo, cuyo nombre no acierto a recordar, y a los pueblos colindantes que se beneficiarían igualmente de tan sabia decisión. En todo caso solo había que tener un poco de paciencia y esperar a que el milagro se produjera.

Pasaban los días y la situación no mejoraba, todos miraban al cielo, aparecían algunas nubes, de paso, venían otras, pero ninguna borrasca, ni grande ni pequeña. Los campos estaban cada vez más secos, la mortandad animal se agravaba cada día, muchas familias se veían obligadas a vivir de la caridad cristiana de sus convecinos y de la escasa ayuda pública que llegaba. El empeoramiento de la situación comenzaba a hacer mella en la población, la desesperanza se hacia un hueco en sus corazones, muchos comenzaban a perder la confianza en la Santísima Virgen de los Dolores, conforme pasaban los días mas personas se sumaban a los descontentos, algunos se atrevieron a clamar contra la Virgen, le achacaban desidia, algunos iban mas lejos y la acusaban de incapaz. 

Pasados unos diez días la división entre los defensores y detractores de la Santísima Virgen de los Dolores se había inclinado del lado de éstos últimos, quienes finalmente lograron convocar una asamblea para el sábado siguiente, en la plaza principal, para debatir las razones que habían llevado a la citada virgen a hacer caso omiso de sus plegarias. Las autoridades civiles lo consintieron a pesar de la negativa del párroco, que a decir verdad también comenzaba a dudar de los poderes de la Santísima Virgen, de ésta y de las otras, pues él sabia muy bien que aunque todos los pueblos tienen su virgen propia en realidad de trata de la misma y si una es milagrera su merito no es de ella sino de la única santa y virgen María, madre única de Jesús.

Llegado el día decisivo los convocantes propusieron desposeer a la Santísima Virgen de los Dolores, patrona del pueblo cuyo nombre no acierto a recordar, de los títulos que se les habían otorgado en los diferentes momentos históricos, las medallas concedidas al merito civil y la de Alcaldesa Perpetua entre otros. La multitud era ya partidaria en su inmensa mayoría de demeritar a la virgen y así fue aprobado, aunque manteniendo el de Patrona, por aquello de no quedarse sin festividad local.

Las lluvias llegaron días más tarde, pero los meteorólogos dieron una explicación científica que nada tenia que ver con las rogativas ni con actuaciones marianas.       


                                                                                  Diciembre de 2015

lunes, 2 de noviembre de 2015

A propósito de Regresión


No todo el mundo siente las mismas emociones, ni percibe las mismas sensaciones ante la visión de una película, ocurre así en todo aquello que percibimos, ¡el cerebro es tan particular! Viene a propósito de la última película, Regresión, de Alejandro Amenábar. Con independencia de la calidad de la misma, de su trama argumental, de un guión mejor o peor elaborado, lo cierto es que plantea un asunto que tiene que ver con los recovecos de la mente y con la histeria colectiva. Las creencias en seres inanimados, léanse dioses, espíritus, fantasmas o demonios, cuando aquellas son firmes y están arraigadas en base a una educación encorsetada en los supuestas verdades derivadas de tales creencias, puede llevar a quienes en ellas creen a pensar que los fenómenos naturales, las vicisitudes de la vida e incluso las propias vivencias ocurren por la voluntad de dichos seres, a los que consideran artífices de su propio “destino”.

En los tiempos pasados, cuando los conocimientos sobre los fenómenos naturales eran escasos o nulos no cabía sino atribuirles a los dioses cuanto ocurría en torno a los humanos, siempre bajo la orientación interesada de los brujos, chamanes y sacerdotes, intermediadores entre lo divino y lo humano, lo espiritual y lo material. Catástrofes naturales, desgracias colectivas (epidemias, sequías, inundaciones,…) o personales (enfermedades, muertes prematuras,…) fueron atribuidas a la voluntad de los dioses como castigo ante la perversión humana. Dioses castigadores y benefactores al mismo tiempo, voluntad incuestionable para bien o para mal, resignación, sacrificio, esperanza, valores supremos de las religiones. Cuando no, es el diablo quien esta presente, el eje del mal.  

En los tiempos modernos, a pesar de los conocimientos adquiridos sobre el origen de las cosas, persiste el determinismo religioso, cuya presencia solo es concebible, quizás, por dos razones: la ignorancia o las debilidades de la mente. Las fantasías de la mente interpretadas como hechos ocurridos realmente, cuando estos son atribuidos a esos seres intangibles, irreales, y son creídas, extendidas, ampliadas y manipuladas por quienes creen en ellas o las utilizan para el ejercicio dominante de las mentes de los demás, pueden llegar a generar problemas de histeria colectiva y conducir a situaciones extremas. Por desgracia, aún en los tiempos presentes, hay infinidad de personas que confían en los nuevos adivinos, brujos, chamanes, echadores de cartas, astrólogos y demás profesionales del engaño, o de lideres sectarios, predicadores evangélicos y personajes mesiánicos, vendedores de felicidad, incluidos los “mas dignos representantes de la religiosidad oficial” y que siguen sus recomendaciones, poniendo sus vidas en sus manos y tomando las decisiones emanadas, no de su propia voluntad, sino de la de aquellos a quienes consideran sus lideres espirituales.

Quienes no han desarrollado un pensamiento critico, de ahí la importancia de una educación basada en la libertad de conciencia y no en el adoctrinamiento religioso, son mas fácilmente manipulables por sectas de diversas índoles, incluso demoníacas, que dirigidas por esos hábiles y persuasivos predicadores, auténticos embusteros, mensajeros de la locura, pérfidos visionarios, lideres poseedores de un magnetismo cautivador, pretenden dar a sus seguidores aquello que creen necesitar, hasta convertirlos en seres alienados, que en ocasiones dan todo lo que tienen, por poco que esto sea, para someterse a sus designios en la creencia de que la pertenencia a un grupo espiritual le hace mas seguros y mas felices.

Cuando aquellos que creen en seres inanimados se entregan ciegamente a los nuevos misioneros del destino y confunden la realidad con la fantasía, se convierten en el caldo de cultivo para la explosión de la histeria colectiva. De la misma forma que quienes consumen droga hasta la adicción deben someterse a un tratamiento de desintoxicación, aquellos que han recreado en su cerebro seres imaginarios debieran, igualmente, someterse a un proceso de racionalización de sus procesos mentales para erradicar el mal de su cerebro, sin exorcismos ni regresiones.


viernes, 25 de septiembre de 2015

Hipocresía política y social ante el laicismo


La sociedad española lleva años inmersa en un proceso de secularización como muestra el sinfín de análisis sociológicos que marcan la tendencia en este sentido. Aumenta el número de españoles que no se consideran religiosos, el de católicos que no se consideran practicantes, desciende de forma espectacular el número de matrimonios religiosos superados por las bodas civiles desde el año 2010. De igual manera es cada vez mayor el número de ciudadanos que rechaza el intervencionismo de la Iglesia Católica (IC) en el debate político y que están en contra de los innumerables privilegios de que goza la IC. Esta tendencia presenta la revelante y lógica característica de ser más acusada entre las personas jóvenes, para su mayor preocupación.

Sin embargo, esta realidad sociológica no se refleja en la acción política sometida a los acuerdos, de dudosa constitucionalidad, entre el Estado Español y la Santa Sede (Concordato) que recogen una serie de privilegios de tipo económico (financiación de la IC por parte del Estado, exenciones fiscales,…) e ideológico (educación, presencia en actos civiles,…).

El Partido Popular (PP) no solo ignora esta realidad sino que se atreve a incrementar la presencia de la IC en la sociedad española, tal como se ha evidenciado al incorporar la asignatura de religión en el currículo académico y dar por bueno los contenidos desarrollados por la Conferencia Episcopal Española (CEE), entre los que se encuentran materias que contradicen gran parte de los conocimientos adquiridos por la humanidad gracias al avance de las ciencias a lo largo de las últimas centurias. La capacidad de presión de la CEE y la identificación ideológica del PP con aquella permite la presencia de miembros numerarios o relacionados con el Opus Dei (institución integrista de la IC) en los distintos gobiernos de dicho partido, tal como ocurría en los tiempos de la dictadura franquista.

Los últimos gobiernos socialistas, que se atrevieron a mover algunos de los cimientos del catolicismo con el reconocimiento del derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo y la interrupción voluntaria del embarazo, no se atrevieron siquiera a cuestionar el Concordato a pesar de que éste en el Articulo II,5 recoge el “propósito de la IC de lograr por sí misma los recursos suficientes para la atención de sus necesidades”, ni a derogar el derecho otorgado a los obispos para registrar bienes a su nombre al mismo nivel que el Estado.

No ésta claro que el nuevo escenario político que se esta perfilando, con la aparición de nuevos partidos, haga cambiar sustancialmente la situación a pesar de la improbable conformación de un gobierno de mayoría holgada de alguno de los partidos tradicionales, lo que obligaría a pactos o apoyos directos o indirectos entre partidos con cierto grado de afinidad. A excepción del PP, partido claramente favorable al mantenimiento de la confesionalidad encubierta del Estado, el resto de los partidos recogen en sus resoluciones propuestas encaminadas hacia el laicismo: Ciudadanos y Partido Socialista defienden una escuela publica laica y proponen una revisión del Concordato, Podemos (a pesar de sus dudas) e IU van un poco mas lejos y proponen su derogación. Los distintos acuerdos postelectorales pueden favorecer un avance en la laicidad del Estado, pero las prioridades de otros asuntos y las contradicciones hipócritas de los partidos pueden relegar de nuevo el reconocimiento de la realidad antes expuesta.

Mientras tanto representantes institucionales de los ciudadanos siguen asistiendo a actos religiosos (procesiones, misas patronales, conmemoraciones eclesiásticas,…) o jurando el cargo ante un destacado crucifijo (incluidos los presidentes de gobierno y sus ministros con independencia de su ideología política) y miembros de la IC asisten a actos públicos (inauguraciones de obras publicas, tomas de posesión,…) y organizan funerales de Estado, poniendo de manifiesto una confesionalidad del Estado no recogida en la Constitución y que urge cambiar.

Si la sociedad muestra esa voluntad decidida de la separación de poderes ¿Qué impide que ello se plasme en las leyes y en las costumbres? ¿Porqué los ciudadanos, aún no reconociéndose católicos o practicantes, participan de forma masiva de celebraciones religiosas como bautizos, comuniones o procesiones de imágenes?

Las costumbres arraigadas durante siglos, que llegan a formar parte del inconsciente colectivo, son difíciles de abolir, tanto más cuando se convierten en un instrumento electoralista que lleva a caminar en la dirección contrario al laicismo. Un ejemplo claro se da en Andalucía, donde las procesiones de Semana Santa son utilizadas como un atractivo turístico para el estimulo de las economías locales. Más el colmo de la incongruencia llega cuando asistimos a los nombramientos de vírgenes (patronas locales) como alcaldesas honorarias de sus ciudades o a las rogativas y ofrendas publicas con presencia institucional. 

La coexistencia de estos acontecimientos religiosos con el laicismo que muestra la sociedad española puede explicarse por el carácter festivo de las mismos (fiestas patronales, semana santa, romerías,…) o por su relevancia social (bautizos, comuniones, bodas religiosas). Sin embargo se llega a una contradicción cercana a la hipocresía cuando estas últimas celebraciones (especialmente la primera comunión, por sus connotaciones de adoctrinamiento religioso) tienen lugar en el seno de familias que no son creyentes o no están convencidas de la necesidad de dichos actos.


Una sociedad moderna, entendiendo como tal aquella que goza de un sistema democrático estable y un elevado nivel de desarrollo, precisa que la razón se sitúe por encima de las creencias religiosas, que el conocimiento científico se imponga sobre las antiguas verdades que dejaron de serlo, que las costumbres, los viejos hábitos y las tradiciones dejen paso a nuevas formas de convivencia. Y en este sentido la acción política no debe quedar al margen, si no queremos una sociedad embrutecida.

jueves, 10 de septiembre de 2015

De nuevo Cañizares (arzobispo y cardenal)

Hace unos días el Cardenal Cañizares, Arzobispo de Valencia, personaje caracterizado por su integrismo religioso y por sus contradicciones con la lógica, inauguró el nuevo año académico en la Universidad Católica de Valencia con un discurso –quiero decir una homilía, que es algo así como unas palabras, pronunciadas por un representante del supuesto Dios de los cristianos en el planeta Tierra, en las que se imparten enseñanzas en forma de doctrina religiosa– en el que dijo entre otras cosas que “la fe se propone, no se impone”.

Sería lo único en lo que podría estar de acuerdo con el citado arzobispo, naturalmente si supiera lo que esta diciendo, pero me temo que quería decir otra cosa bien distinta. Cierto es que estamos acostumbrados a que los obispos y demás representantes de la Iglesia, de la Católica o de cualquiera otra, tomen las palabras para si y darles el sentido que les interesa. La cuestión de fondo es la preocupación de la Iglesia por el alejamiento de los hombres (y mujeres, que como sabemos son ignoradas salvo como transmisoras, en el seno de la familia, de los valores cristianos) de Dios. Lo que es desgracia para unos es beneficio para la humanidad.

Por esta razón la sociedad esta en crisis, y en esta situación tan poco prometedora para el arzobispo, la citada Universidad debe centrarse en Dios, no en la ciencia, no en el conocimiento, no en las virtudes ciudadanas, sino en avivar la fe, y esto se convierte en responsabilidad histórica, en algo necesario, apremiante e imprescindible. Urge, pues,  una nueva evangelización. Palabras de Cañizares. 

Quizás el señalado arzobispo no se haya parado a pensar que la sociedad esta preocupada por otros asuntos y demanda otras cosas, que se aleja de Dios porque éste no le aporta nada, no esta presente en las desgracias humanitarias, es indiferente al sufrimiento humano, consiente las guerras, la esclavitud y las desigualdades sociales y permite que se asesine en su nombre. Pero también la sociedad reniega de Dios porque son mentiras las creencias en las que se basan las religiones, la católica y todas las demás, como falsas son las supersticiones y todas las creencias que niegan la razón, el conocimiento científico y se oponen al desarrollo libre e intelectual de los seres humanos. La ignorancia es una de las claves en las que se sustenta la fe, impuesta y no propuesta a los menores desde los inicios de su desarrollo físico, cerebral e intelectual, momento en el que se inicia igualmente el posicionamiento ideológico que en modo alguno es ajeno al interés religioso.  

Sr. Arzobispo, hágase eco de su bonita frase y póngala en practica. Deje que los niños se formen física e intelectualmente, no intervenga, haga como si Dios no existiese –estoy seguro de que esto no le supondrá un gran esfuerzo intelectual- deje que otros le enseñen a pensar libremente, usted no por supuesto, porque orientaría el pensamiento del menor hacia sus creencias, que como sabemos se sustenta en mentiras, entre otras, el temor a caer en las llamas del infierno después de la vida. El miedo es otra de las claves en las que se sustentan las religiones monoteístas derivadas del judaísmo. 


Proponga a los niños y niñas formados en libertad, digamos que en su mayoría de edad, un acercamiento a Dios, sin esas prisas, sin la premura de la que usted habla. Pero ni usted ni nadie de la Iglesia, ni de la suya ni de ninguna otra, se atrevería a tanto, porque saben que en una educación integrista religiosa esta la garantía de su existencia, como también saben que ustedes van contra la historia, la misma que ustedes han intentado y conseguido parar durante siglos, pero que, sin embargo, vislumbran que se les escapa, que no pueden detener el avance científico, el conocimiento de él derivado, los nuevos valores de la sociedad, razón ésta por la que ustedes piensan que el hombre se aleja de Dios y es preciso hacer algo con urgencia. Pero sepan que no es posible perseguir la herejía como antaño, cuando utilizaban los mismos métodos que ahora emplean los representantes del nuevo integrismo religioso del llamado Estado Islámico, ¡cuanta capacidad de olvido! ni con nuevos métodos porque ya no es posible, sus creencias están en retroceso y todas las medidas que tomen serán en balde. 

jueves, 6 de agosto de 2015

Discusiones bizantinas

 
Desde los inicios del cristianismo los obispos se preocuparon, como era de esperar, por mantener unidos en la fe a sus creyentes. Eran tiempos en los que la doctrina de la Iglesia no estaba suficientemente clara, aunque sí las enseñanzas de Jesucristo (relativamente), y cada cual tendía a elaborar las propias de modo que era preciso mantener la unidad, criterio que también era sostenido por los primeros emperadores romanos cristianizados, lo que era sinónimo de preservar el orden publico dado que la unidad religiosa era una garantía de estabilidad. Reino y religión siempre fueron de la mano desde los orígenes de las civilizaciones, en la practica son distintas manifestaciones del poder, el civil fruto de la necesaria organización de la sociedad y el religioso imprescindible para dominar las conciencias. La alianza entre ambos poderes quedo determinada con la personación, desde los tiempos de los primeros reyes mesopotámicos y faraones egipcios, de la divinidad en la figura del rey o faraón. El cristianismo no ha hecho otra cosa que perpetuar y renovar dicha alianza en los diferentes momentos históricos, desde los tiempos del Imperio Romano, hasta los modernos imperios y reinos desde Carlomagno, superando no sin dificultad periodos de contestación en su seno (Reforma protestante) y de rechazo al poder de la Iglesia y a las creencias religiosas (Ilustración). En tiempos más próximos, la dictadura franquista en España gozaba del respaldo de la Iglesia Católica para quien el dictador lo era por la gracia de Dios, a pesar de los miles de muerto a sus espaldas. Todavía en los tiempos presentes muchos Estados mantienen el adoctrinamiento religioso en las escuelas publicas y otros tantos gobiernos juran el cargo delante de un crucifijo y colocando las manos sobre una Biblia como muestra de que la vieja la alianza sigue en vigor.

Volviendo a la idea inicial, emperadores y obispos idearon reuniones para resolver las discrepancias surgidas en el seno de la Iglesia, unificar criterios en las ideas mas descabelladas, irracionales y enrevesadas imaginables (fruto, sin duda, de mentes descerebradas), que contra todo pronostico razonable fueron asumidas por la sociedad y sus miembros sin rechistar demasiado, naturalmente que quienes se opusieran tenían garantizada la persecución, el destierro e incluso la muerte; y de paso crear escuela, simbología y rituales para divertimento del personal.

Entre estas ideas disparatadas podríamos citar la de un solo Dios (suponiendo en sí que ésta no sea disparatada) con tres personalidades distintas, tres dioses emparentados en uno, quizás para no romper demasiado con la cultura religiosa greco-romana y su firmamento repleto de dioses de distinto rango, una mujer embarazada sin intervención de varón que da a luz un dios, un hombre que resucita y sube a los cielos, una corte celestial de seres imaginarios (ángeles, arcángeles y querubines) para organizar la llegada de las almas al paraíso y otra jerarquía infernal de demonios para organizar la propia de quienes, fruto del pecado y de la insolencia, no eran merecedores de la gloria eterna y habían de sufrir por ello las llamas del infierno.   

Fueron veintiuno los concilios, conclaves o asambleas llamados ecuménicos, de los cuales ocho tuvieron lugar antes del cisma de Oriente convocados por los emperadores romanos de la época y celebráronse en tierras griegas o turcas. ¡Cuánto tiempo, siglos, dedicados a debatir sobre la existencia de Dios, de su Hijo imaginario, de la supuesta madre de éste y de su virginidad, de la misión del llamado Espíritu Santo en tal alta concepción, en tratar de explicar la palabra de Dios escrita por unos autores desconocidos, en determinar el sexo de los ángeles, la naturaleza del pecado, de los sacramentos, de los valores espirituales, la importancia de la oración, de las creencias obligatorias (desde la existencia del alma hasta una visión cosmológica incapaz de resistir el paso de los tiempos), del papel de los escenarios imaginarios del cielo, infierno, purgatorio y limbo (hoy descartada su existencia por la propia Iglesia), de las relaciones del Papa con su Iglesia incluida su propia infalibilidad (eso sí, conservando su humanidad y con ello la imperfección de que todo ser humano es objeto) y de otras tantas cuestiones, la mayoría irrelevantes para la inteligencia, pero de suma importancia para el objetivo de la cristiandad y de los poderes civiles instituidos!

Con el paso del tiempo se crearon cátedras de Teología para estudiar la esencia de Dios, el Ser Supremo, su naturaleza y la de las cosas creadas por él, para discurrir sobre la divinidad y la relación con el hombre (y la mujer debemos entender, aunque dudamos dado el papel tan secundario que las religiones les otorga) y con su Hijo (o sea con Jesucristo) y con la madre de éste, la Virgen María, así como con el Espíritu Santo, la segunda divinidad cuyos orígenes desconocemos, el origen divino del poder y la supremacía del poder religioso sobre el civil, las relaciones entre fe y razón y los argumentos para demostrar la existencia de Dios, la interpretación de las “Sagradas Escrituras” que contienen la palabra de Dios y como tal hecho incuestionable determinante para entender el mundo en el que vivimos. Aparecieron distintas tendencias teológicas que se debatían sobre las cuestiones mas disparatadas. Se fundaron escuelas para el adoctrinamiento religioso católico, se estableció una liturgia que embelezara a sus seguidores y atrajera a los paganos, se idearon formulas de condena de la herejía e instrumentos de persecución y de tortura, se creo y desarrollo una imaginaría religiosa a medida para cada población, se desarrollaron ritos religiosos populares, se estableció la figura del padre espiritual (conocedor, a través de la confesión, de los pormenores inconfesables del ser humano, ¡que inmenso instrumento de dominación!) como director de las almas hacia el paraíso celestial en contrapartida a las desgracias terrenales, ante las que solo cabían la resignación y la esperanza de la felicidad eterna; en ningún caso la rebelión del ser humano ante la desgracia es objeto de consideración.    

En suma, un mundo, una civilización basada en la mentira, en el engaño, una gran estafa para desgracia del ser humano.


                                                                      

                                                                      

miércoles, 24 de junio de 2015

Pedro Zerolo, activista, defensor de los derechos humanos

El pasado 9 de junio moría en Madrid, victima de un maldito cáncer de páncreas, el activista y concejal socialista Pedro Zerolo, conocido defensor de los derechos humanos y líder del movimiento en defensa de los homosexuales. Gracias a su valentía y a su coraje se debe la ley que en España permite el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Es lamentable que la condición homosexual de muchas personas sea considerada por una parte de la Iglesia Católica como una enfermedad curable gracias a la oración y a unos cursillos de adoctrinamiento religioso (Arzobispo de Alcalá entre otros), cuando no un pecado fruto de un vicio vergonzante (sacerdote Jesús Calvo entre otros). Pero lo que es vergonzante es que todavía en nuestro tiempo existan personas que conciban la enfermedad como un castigo divino, y más grave aún que los medios de comunicación den crédito a tales afirmaciones. Antes de la muerte de Pedro un periodista de un medio televisivo integrista y el citado sacerdote se expresaban en términos poco cristianos (“se merece su enfermedad” “su suerte me trae al pairo” “no cambiaria la vida de mi perro por la suya” en boca del periodista; “no me extraña que se trate de un castigo de la Divina Providencia” “los gays deben ser apartados para no contaminar” en boca del sacerdote).

La muerte prematura no parece ser motivo de consideración ni de piedad cristiana para el sacerdote, quien a preguntas del mismo periodista responde lo siguiente: “Tenían que haber creído en la profecía que yo ya dije, que los pecadores públicos pueden sufrir enfermedades como castigo divino” “los frutos de la virtud y del vicio se siembran aquí, lo que se siembra se cosecha”


El citado sacerdote, como el también anteriormente citado arzobispo de Alcalá y muchos jerifaltes de la Iglesia Católica deberían reconocer que en su seno hay infinidad de homosexuales a los, quienes no somos creyentes, respetamos como seres humanos por encima de su compromiso religioso, pero condenamos, como también debería hacer la propia Iglesia, a quienes atribuyéndose una supuesta autoridad moral sobre los menores de edad abusan de su inocencia y les obliga a practicar sexo marcándole indeleblemente para el resto de sus días. La Iglesia deberá perseguir la pederastia en su seno y ser mas tolerante en el reconocimiento de la condición sexual de cada cual, lo sociedad va por delante de la Iglesia, no va a su compás como en épocas pretéritas, no es ella ni su moral quien marca el comportamiento de las personas, los nuevos modelos de familia no son conformes al concepto de familia cristiana ni falta que hace.

sábado, 13 de junio de 2015

El Papa Francisco

Intento descifrar, sin conseguirlo, un mensaje lanzado por el Papa Francisco –dicen que será I cuando aparezca un II- también llamado el Santo Padre, el Obispo de Roma, el Vicario de Cristo, Su Santidad, el Sumo Pontífice o el Sucesor de Pedro, además de Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano.

El actual Papa, que posee los mismos títulos que los anteriores por ser inherentes al cargo, ha declarado que “El Espíritu Santo que Cristo ha mandado junto al Padre, y el Espíritu Santo Creador que ha dado vida a cada cosa, son uno y el mismo. Y por ésta razón hemos de respetar la creación, que es por otra parte un jardín que hemos de cultivar y custodiar con respeto”  

Supongo que para cualquier católico las palabras son claras además de elocuentes, no quedará la menor sombra de duda de lo que ello significa y cuales son las consecuencias últimas de dicho mensaje; sin embargo para un no creyente, lector incluso de la Biblia (sostengo que los ateos conocemos mejor la biblia que los propios creyentes) pero no versado en la moderna lingüística vaticana no es fácil entender la profundidad del mensaje.

Para comenzar no acabo de ver clara la diferencia entre el Espíritu Santo y el Espíritu Santo Creador, ni que Cristo mandara al primero junto al Padre. Es de suponer que el Padre fuera lo primero que existiese, aunque igual tenia en si mismo un Espíritu (Santo, por supuesto) Creador que le movió a crear el mundo en el que habitamos. En tal caso quedaría aclarada la diferencia entre ambos espíritus, el segundo es el espíritu del Padre, algo así como el alma para los mortales, solo que el Padre no es corporal, quizás materia oscura, pero entonces, ¿Qué sentido tiene dos espíritus en uno? O quizás esta Papa quiera aumentar la familia y convertir el misterio del Trío en Cuarteto. Lo que si esta claro es que todos son los mismo, esto lo sabemos desde pequeñitos, no cabe la menor duda en ello. 

Por lo que sé, Cristo es posterior al Padre y al Espíritu Santo, de hecho es el hijo del primero y quizás también del segundo pues su madre humana fue concebida por obra y gracia de aquel Espíritu. De forma que Cristo tendría dos padres inhumanos y un padre putativo, José el esposo de su madre María. Así pues, si Cristo es posterior al Espíritu Santo no pudo haber enviado a éste junto al Padre.

En cualquier caso, estas razones son suficientes para respetar la Creación, según el Sumo Pontífice. Por supuesto el Papa Francisco da por sentado que el Padre o el Espíritu Creador crearon el mundo, por entonces no estaba Cristo que apareció como 13.700 millones de años después, aunque algunos sostienen todavía que el mundo se creo hace poco mas de seis mil años. Sea como fuera lo que si parece claro es que una vez creado descansó, tal como dicen la Sagradas Escrituras, y sigue descansando a lo que se ve. Bueno, los judíos sostienen que estuvo con ellos en Egipto y los libero de la esclavitud –eso dicen- para llevarlo a una tierra prometida, la verdad es que la inmensa mayoría dejo la vida en el camino, aquello debió de ser muy penoso, además sometido en todo momento a la ira de Dios, o sea del Padre o del Espíritu Santo Creador o a secas, que para el caso es lo mismo (http://bibliacritica.blogspot.com.es/2012/11/exodo-moises-nacimiento-y-huida.html).

En cualquier caso, fuese quien fuese el creador, dios, el espíritu santo o fruto de la gran explosión primigenia (el Big Bang), hemos de estar de acuerdo con el Santo Padre (no entiendo porque los católicos le suponen santo y padre, y además lo escriben con mayúsculas) en que lo creado, si se entiendo por ello la naturaleza, el medio ambiente, los animales y las personas, ha de ser respetado. Pero, entonces, ¿porqué esos preámbulos tan poco entendibles para los no creyente? Los creyentes no necesitan entender nada de lo que les digan los representantes de su dios en el planeta Tierra (no sabemos si en otros planetas, en donde es probable que existan seres inteligentes, habrá establecido Dios embajadas o no), a ellos les basta que lo diga su superior espiritual o la Santa Biblia, también el Corán, por supuesto para los musulmanes.

Pero se confunde el Papa cuando asemeja lo creado con un jardín; con lo que cuesta salir adelante. Muchos se quedan en el camino, millones de seres humanos han muerto y siguen muriendo antes de llegar a la edad adulta por carecer de alimentos, de agua incluso, de enfermedad, y también a causa de desastres ocasionados por el dinamismo de la naturaleza, proceso inacabable de creación. Muchos más han muerto en guerras salvajes, muchas de ellas declaradas en nombre de Dios, Cristo, Alá u otros dioses menores, otros sacrificados, martirizados hasta la muerte, o perseguidos, desprovistos de sus bienes por sus ideas no conformes con la religión dominante en el lugar. El mundo, la creación como él le llama, no es un jardín, además él lo sabe, entonces ¿porqué lo dice así’? En este inexistente jardín la desigualdad entre las personas perdura, es más, asistimos a una acumulación de riqueza en cada vez menos personas gracias a la inmensa influencia que las oligarquías financieras y empresariales ejercen en los gobiernos de todo el mundo, sometidos al dictamen de las reglas del capital. La Iglesia que representa el Papa no es ajena a la situación que ha vivido gran parte de la humanidad desde el emperador Constantino hasta nuestros días, siempre estuvo del lado de los poderosos, favoreció la acumulación de riqueza de los grupos dominantes, incluyéndose a si misma.


En fin, que para querer cultivar, custodiar y, sobre todo, respetar el jardín, o el fruto de la creación, o digámoslo en términos menos confusos, la madre naturaleza, incluida las personas, mucho ha de cambiar en la Iglesia que dirige Francisco.